¿Arrancó el Vale Todo?
Ya desde antes de Maquiavelo el fin justificaba los medios para todos aquellos que carecían de firmes principios y más bien tenían la firme decisión de llegar hasta el final de la carrera. Hoy eso no ha cambiado. En cada competencia se encuentran unos que tienen escrúpulos respecto de lo que están dispuestos a hacer para llegar primero a la meta y otros que simplemente no los tienen.
Es por esta realidad que en el deporte, por ejemplo, sea muy común el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento, asimismo es común presionar todo lo que se pueda para incluir o excluir determinadas sustancias de la lista. Todo puede ser un arma para lograr ventajas.
Una de las competencias donde las armas prohibidas se usan tan a menudo que ya parecen menos dañinas es la lid electoral.
En cada elección no falta uno o varios candidatos que a la vez presentan su programa y motivos para ser elegidos, al mismo tiempo que difunden los motivos por los cuales hay que evitar votar por la lista competidora.
Y también, por supuesto, no faltan tampoco quienes se preocupan especialmente de difundir todo lo negativo del contrincante. A veces ocurre también que, por hablar mal del adversario, se olvidan totalmente de presentar su propio programa.
Cuando los que atacan al competidor son varios o la mayoría, podemos hablar con propiedad de una guerra sucia, donde no hay ganadores puesto que nadie presenta programa, o nadie lo explica, ya que casi todos están dedicados a destruir la imagen del adversario.
Quienes creían que la guerra sucia era cosa de políticos tercermundistas deben haberse sorprendido por la guerra sucia (guerra de huevos en este caso) ocurrida en el Parlamento ucraniano, a causa de que una mayoría de parlamentarios aprobaron el alargamiento del convenio sobre la permanencia de la base rusa en territorio ucraniano del 2017 al 2042, mientras que la oposición decidió probar si un poco de combo y patada podía hacer cambiar algunas opiniones.
Las fotos dieron la vuelta al mundo y no contribuyen a que se tome en serio al Parlamento ucraniano, porque la guerra sucia tiene la particularidad de ensuciar a todos. Para manchar con barro a un contrincante primero hay que mancharse las manos de barro y con eso ambos quedan embarrados.
La política sueca tiene la fama de ser muy limpia, quizás demasiado para el gusto de algunos que quisieran escuchar calificativos más definidos y menos ambiguos. Hay quienes desearían que aquí se llame un poco más a menudo al pan, pan y al vino, vino.
Pero normalmente es un poco raro escuchar notas chirriantes en la política sueca, y eso le gana respeto, porque hace patente que el centro del debate es la propuesta concreta y no el sujeto político concreto. Cuando lo que se califica es el programa se está reconociendo, al contrario, una legitimidad básica como miembro del cuerpo político.
Si uno de los actores políticos descalifica al otro el resultado es que el conjunto del espacio político se contamina porque no puede confiarse en que el descalificado pueda tener siquiera la honestidad para realizar su programa.
Para debatir políticamente por lo menos hay que partir de que cada uno de los actores piensa sinceramente cumplir suprograma, al menos así funciona en la política sueca, en tiempos normales.
El ministro democratacristiano Mats Odell acaba de romper los fuegos de lo que podría ser un intento de iniciar un flanco de guerra sucia en las elecciones suecas.
Cuando debatía sobre la propuesta de presupuesto del bloque rojiverde se le ocurrió denominar la propuesta rojiverde como Politica-toblerone.
Se supone que se refería a que la propuesta rojiverde promete inversiones estatales que no están financiadas, alternativamente podría ser que criticara que los rojiverdes quisieran cosechar votos prometiendo más recursos estatales.
Pero la mención al Toblerone solo se refiere al escándalo que se hizo en el 1995 cuando Mona Salhin, siendo viceministra de Estado hizo algunas compras personales usando la tarjeta que tenía como funcionaria. La compra más grande que realizó fue un chocolate Toblerone.
A pesar de que se trataba de una minucia, ella renuncio a su cargo. Las autoridades no encontraron nada que perseguir legalmente y solo quedó en la memoria el escándalo.
Mats Odell se ha justificado argumentando que prometer esas inversiones es “como comprar con la tarjeta y enviar la factura al pueblo sueco” según la agencia TT.
El argumento de Odell es ridículo; una cosa es hacer gastos para beneficio propio con una tarjeta que es pagada con nuestros impuestos, y es algo muy distinto proponer gastos a beneficio de los municipios y regiones que por supuesto deben ser pagados con dinero del erario nacional. No hay comparación posible, queda claro que lo único que ha querido es recordar ese escándalo.
Un escándalo sobre la compra de un chocolate, que no fue considerado un delito, ni siquiera una falta. Pero es usado para insinuar que una victoria socialdemócrata es dar paso a prácticas corruptas en el Gobierno sueco.
Ni Reinfeldt ni sus compañeros de gabinete han querido repetir lo dicho por Odell, pero tampoco lo han condenado, por lo cual se hace muy creíble la tesis de que se trata de un globo de ensayo para evaluar cuánto de suciedad en la campaña puede ser tolerada por los votantes suecos. No se puede hacer menos que pensar en cuánto miedo a una derrota puede estar detrás de esta estrategia.
Es difícil que alguien, como persona, esté libre de cosas reprochables (reales o imaginarias). Si pasa el chocolate, pueden seguirle otro tipo de proyectiles.
Y quizás lleguemos a ver en el futuro lluvias de huevos en el Parlamento sueco. Eso no nos haría más respetables pero sí estaremos al fin en todos los diarios.
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Sábado 04 de Septiembre de 2010 - 06:31:34